Para mí, el Cielo está oculto en una pequeña Hostia donde Jesús, mi Esposo, está velado por amor. Voy a ese Divino Horno para extraer vida, y allí mi Dulce Salvador me escucha noche y día.
La vida es solo un sueño: pronto despertaremos. ¡Y qué alegría! Cuanto mayores sean nuestros sufrimientos, más ilimitada será nuestra gloria. ¡Oh! no desperdiciemos la prueba que Jesús nos envía.
Lo que lo ofende y lo que hiere su Corazón es la falta de confianza... Tu corazón está hecho para amar a Jesús, para amarlo con pasión... ¡Solo tenemos los breves momentos de nuestra vida para amar a Jesús!
Por fin amaneció el día más hermoso de todos los días de mi vida. ¡Qué perfectamente recuerdo incluso los detalles más pequeños de esas horas sagradas! El despertar gozoso, los abrazos reverentes y tiernos de mis amantes y compañeras mayores, la habitación llena de vestidos blancos, como tantos copos de nieve, donde cada niño era vestido a su turno.
Cada pequeña tarea de la vida cotidiana es parte de la armonía total del universo.
Una palabra o una sonrisa a menudo es suficiente para dar nueva vida a un alma desalentada.
Todo es gracia; todo es el efecto directo del amor de nuestro Padre: dificultades, contradicciones, humillaciones, todas las miserias del alma, sus cargas, sus necesidades: todo, porque a través de ellas aprende humildad, reconoce su debilidad. Todo es gracia porque todo es don de Dios. Sea cual sea el carácter de la vida o sus acontecimientos inesperados: para el corazón que ama, todo está bien.
Jesús, ayúdame a simplificar mi vida aprendiendo lo que quieres que yo sea y convirtiéndome en esa persona.
El valor de la vida no depende del lugar que ocupamos. Depende de la manera en que ocupamos ese lugar.
La vida pasa. La eternidad viene a encontrarnos con grandes pasos. Pronto estaremos viviendo con la misma vida de Jesús. Habiendo bebido profundamente en la fuente de toda amargura, seremos divinizados en la misma fuente de todas las alegrías, de todos los deleites.