La vida del hombre es como una gota de rocío sobre una hoja.
Lo realmente importante no es vivir, sino vivir bien. Y vivir bien significaba, junto con cosas más agradables en la vida, vivir de acuerdo con tus principios.
El verdadero peligro en la vida no es la muerte, sino vivir una vida malvada.
Cuando era joven, creía que la vida podría desarrollarse de manera ordenada, según mis esperanzas y expectativas. Pero ahora entiendo que el Camino serpentea como un río, siempre cambiando, siempre hacia adelante. Mis viajes revelaron que el propio Camino crea al guerrero; que cada senda conduce a la paz, cada elección a la sabiduría. Y que la vida siempre ha sido, y siempre será, surgiendo en el Misterio.
La vida sin investigación no vale la pena vivirla para un hombre.
No la vida, sino la buena vida, es lo que principalmente debe valorarse. No es vivir lo que importa, sino vivir correctamente. La vida no examinada no vale la pena.
Durante mi vida no he buscado reunir riquezas ni adornar mi cuerpo; he buscado adornar mi alma con las joyas de la sabiduría, la paciencia y, sobre todo, con el amor por la libertad.
La verdadera sabiduría llega a cada uno de nosotros cuando nos damos cuenta de cuán poco entendemos sobre la vida, sobre nosotros mismos y sobre el mundo que nos rodea.
La vida no examinada no vale la pena ser vivida.
El hombre sabio busca la muerte toda su vida, y por eso la muerte no le resulta aterradora.
Cásate con una buena mujer y sé feliz el resto de tu vida. O cásate con una mala y conviértete en un buen filósofo.
Es posible que un hombre pudiera vivir el doble de tiempo si no pasara la primera mitad de su vida adquiriendo hábitos que acortan la otra mitad.
No atravieses la vida como una hoja arrastrada de aquí para allá creyendo todo lo que te dicen.