Las verdades que se vuelven viejas se vuelven decadentes e inconfiables; a veces pueden mantenerse artificialmente por cierto tiempo, pero no hay vida en ellas.
Solo cuando nos damos cuenta de que la vida no nos lleva a ninguna parte, es cuando empieza a tener sentido.
El hombre se enfrenta a dos hechos evidentes: la existencia del mundo en el que vive; y la existencia de la vida psíquica dentro de sí.
Quizá la primera impresión más interesante de mi vida provino del mundo de los sueños.