Te digo una cosa: si quieres paz mental, no culpes a los demás.
Te digo una cosa. Si quieres paz mental, no busques defectos en los demás. Más bien aprende a ver tus propios defectos. Aprende a hacer que todo el mundo sea tuyo. Nadie es un extraño, hijo mío; todo este mundo es tuyo.
Abre tu corazón afligido al Señor. Llora y reza con sinceridad: “Oh Señor, llévame hacia Ti; concédeme paz de mente”. Al hacerlo constantemente, gradualmente alcanzarás paz de mente.
La felicidad del mundo es pasajera. Cuanto menos te apegues al mundo, más disfrutarás la paz mental.
La conjunción del día y la noche es el momento más auspicioso para llamar a Dios. La mente permanece pura en ese momento.
No tengas miedo. El nacimiento humano está lleno de sufrimiento y uno tiene que soportarlo todo con paciencia, tomando el Nombre de Dios. Nadie, ni siquiera Dios en forma humana, puede escapar de los sufrimientos del cuerpo y la mente.