Necesitamos una nueva apologética, adaptada a las necesidades de hoy, que tenga en cuenta que nuestra tarea no es ganar discusiones, sino ganar almas... Esa apologética necesitará respirar un espíritu de humanidad: esa humildad y compasión que entiende las ansiedades y preguntas de la gente.
En consecuencia, las teorías de la evolución que, de acuerdo con las filosofías que las inspiran, consideran la mente como emergiendo de las fuerzas de la materia viva, o como un mero epifenómeno de esa materia, son incompatibles con la verdad sobre el hombre. Tampoco pueden fundamentar la dignidad de la persona.
Cristo permanece como lo principal en tu vida solo cuando Él disfruta el primer lugar en tu mente y en tu corazón. Por eso debes unirte continuamente a Él en la oración.... Sin oración no puede haber alegría, no puede haber esperanza, no puede haber paz. Porque la oración es lo que nos mantiene en contacto con Cristo.