La mente es un dominio mucho más amplio de lo que jamás imaginamos.
La mente psicodélica es una mente de mayor dimensión; no está hecha para el espacio-tiempo tridimensional.
La mente conjura milagros fuera del tiempo.
Veo la experiencia psicodélica como un derecho de nacimiento, y no podemos tener una sociedad libre hasta que las personas sean libres para explorar su propia mente.
Las cosas más hermosas del universo están dentro de la mente humana.
Creo que la verdadera prueba de los psicodélicos es lo que haces con ellos cuando no estás bajo su efecto: qué tipo de cultura construyes, qué tipo de arte, qué tipo de tecnologías... Lo que falta en la mente occidental es el sentido de conectividad y de relación con el resto de la vida, con la atmósfera, con el ecosistema, con el pasado y con el futuro de nuestros hijos. Si sintiéramos esas cosas, no estaríamos practicando la cultura como la practicamos.
Para mí, empieza y termina con estas sustancias psicodélicas. La sinergia de la psilocibina en la dieta de los homínidos nos sacó de la mente animal y nos llevó al mundo del habla articulada y la imaginación.
Nos dicen: «No eres importante, eres periférico: saca un título, consigue un trabajo, consigue esto, consigue aquello», y entonces eres un jugador. Ni siquiera quieres jugar ese juego. Quieres recuperar tu mente y sacarla de las manos de los ingenieros culturales que quieren convertirte en un idiota a medio cocer consumiendo toda esta basura que se fabrica con los huesos de un mundo que se está muriendo.
En mi opinión, esto hace que los psicodélicos sean centrales para cualquier reconstrucción política, porque son la única fuerza en la naturaleza que realmente disuelve las estructuras lingüísticas; permite que la mecánica de la sintaxis sea visible; abre la posibilidad de introducir y difundir rápidamente nuevos conceptos; da permiso para nuevas formas de ver; y eso es lo que tenemos que hacer: cambiar nuestras mentes.
Tú eres algún tipo de misterio suspendido entre dos eternidades. Y en ese instante, cuando una mente mira hacia un mundo y se pregunta: “¿Qué es esto?” En ese instante, el arte puede ser creado.
Hay luz al final del túnel. El problema es que ese túnel está en la parte trasera de tu mente. Y si no vas a la parte trasera de tu mente, nunca verás la luz al final del túnel. Y una vez que la veas, entonces la tarea se vuelve potenciarla en ti y en otras personas. Extiéndela como una realidad. Dios no se retiró al séptimo cielo; Dios es como un continente perdido EN la mente humana.